Concierto con luces rojas: dos músicos ante sus micrófonos, un teclista al fondo y, en primer plano, público con una cámara.

Mercury RevLos hologramas de nuestras propias vidas

Foto: ARCHIVO RADIO MUERTE · MERCURY REV, SALA CHANGÓ, MADRID · 07.10.2026
Autor: Ángel Rodríguez Luengo · 09/10/2026 · 11 min de lectura

La canción de All Is Dream que Mercury Rev llevaba más tiempo sin tocar era «Lincoln's Eyes». Ha vuelto al repertorio para la gira del 25.º aniversario del disco: veinte conciertos entre el 1 y el 29 de octubre, de Lisboa a Atenas.

Cuando le pregunto qué ocurrió al recuperarla, Jonathan Donahue no habla de técnica ni de tener que reaprender nada.

«Creo que hacía quizá veinte años que no tocábamos “Lincoln's Eyes”. Pero todavía me produce escalofríos cuando la escucho, cuando la canto, cuando la toco».

Una canción puede permanecer casi inmóvil mientras quien la escribió atraviesa dos décadas. El archivo conserva la voz; el cuerpo que debe producirla otra vez, no. Para regresar a un lugar, ese lugar debería seguir existiendo, y las giras de aniversario suelen construirse sobre la posibilidad de fingir que sigue ahí.

Hablo con Donahue pocos días antes del comienzo de la gira. La conversación es solo con él, no con Grasshopper. Contesta sin prisa, dejando que la respuesta tarde un poco en llegar. A veces parece descubrir lo que piensa mientras lo dice.

En 1998, varios compañeros de oficina me regalaron Deserter's Songs. Uno de ellos había elegido el disco y parecía asumir personalmente la responsabilidad de que yo entendiera la magnitud del asunto. Me lo entregó con una solemnidad casi desproporcionada y una frase que todavía recuerdo: «Esto es lo mejor que se ha hecho en mucho tiempo».

Durante los días siguientes volvió una y otra vez sobre el asunto. Quería saber si ya lo había escuchado, qué me parecían los arreglos, las voces, determinados detalles de las canciones. No bastaba con haberme dado el disco: había que asegurarse de que había llegado.

Veintiocho años después, cuando Donahue habla de lo imprevisible de tocar ante otras personas, aparece sin que yo se lo proponga otra forma de pensar aquella transmisión.

«Nunca sabes qué esperar. Puedes tener una cena a la luz de las velas o ir al cine con una pareja de muchos años o con tu mejor amigo y, aun así, nunca sabes qué puede aparecer al otro lado de la mesa, en una mirada o en un momento de conversación. Eso es lo gratificante de actuar, o de cualquier relación íntima con otra persona. Estás viendo algo suceder en directo delante de ti. No es un algoritmo programado apareciendo en la pantalla de tu ordenador».

Los errores nuevos

Cuando le pregunto si recuerda alguna decisión concreta tomada durante All Is Dream para no repetir Deserter's Songs, Donahue responde con Muhammad Ali.

«Creo que eso forma parte de la responsabilidad de cualquiera en cualquier relación, ya sea contigo mismo y con tu propio arte y tu manera de expresarte, o con otra persona. No quieres repetirte. Y al mismo tiempo tienes que estar dispuesto a aceptar que la persona que eres hoy, con suerte, no es exactamente la misma persona que eras hace veinticinco años».

Recuerda entonces una frase de Ali: si eres la misma persona que eras veinte años atrás, has desperdiciado esos veinte años. La cita documentada del boxeador hablaba de contemplar el mundo a los cincuenta igual que a los veinte, pero la versión que aparece aquí es la que Donahue conserva en la memoria.

De ahí extrae una regla propia: «Cometer nuevos errores, pero no los mismos».

La regla tiene historia. Boces, publicado en 1993, pertenecía a un Mercury Rev que todavía parecía desenvolverse cómodamente entre el ruido, la psicodelia y la colisión. See You on the Other Side, en 1995, no funcionó comercialmente. Después llegaron la salida del sello, la marcha del mánager y del batería Jimy Chambers y las deudas, antes de que apareciera Deserter's Songs en 1998.

Tres años después llegó All Is Dream. En Reino Unido salió el 27 de agosto de 2001. En Estados Unidos, el 11 de septiembre.

Comercialmente, el disco posterior terminó llegando más alto que aquel que había cambiado la suerte de la banda: Deserter's Songs alcanzó el número 27 británico y All Is Dream llegó al 11, todavía la mejor posición de Mercury Rev en Reino Unido. «The Dark Is Rising» entró además en el Top 20.

La crítica lo recibió bien, aunque no sin reservas. En NME, Roger Morton escribió que por momentos hacía parecer Deserter's Songs un ensayo general; Pitchfork señaló que el giro orquestal seguía allí, pero que las nuevas canciones eran «mucho más personales». The Guardian y The Independent fueron más fríos.

Lo que se oye antes que las canciones

Las discografías ordenan muy bien aquello que, mientras sucede, rara vez es ordenado.

Boces. See You on the Other Side. Deserter's Songs. All Is Dream. Born Horses.

Poner los títulos uno detrás de otro convierte accidentes, crisis y decisiones provisionales en una trayectoria.

Sean “Grasshopper” Mackowiak, con gafas de sol, toca una guitarra eléctrica junto a un micrófono, en blanco y negro, sobre un fondo casi negro.
Sean “Grasshopper” Mackowiak durante el concierto de Mercury Rev celebrado el 26.11.2010 en Reading 3, Tel Aviv, Israel. Foto: Nadav · CC BY-⁠SA 3.0 · Recortada y tratada por Radio Muerte

Donahue no escucha así.

Cuando le pregunto qué oye hoy al poner Boces, responde:

«Escucho la emoción de haber hecho aquellos discos. No siempre escucho primero las canciones en sí. Escucho esas impresiones profundas del emotional sweat —el sudor emocional— que pusimos en aquellos discos y las conversaciones emocionales que manteníamos entonces como miembros de la banda».

Luego aparta incluso los instrumentos de la ecuación:

«Ya sean los primeros discos o uno más reciente, lo primero que suele golpearte cuando pones el vinilo no es el charles ni el bombo. Son esas llamas emocionales que todavía parpadean, con más o menos intensidad, dependiendo del recuerdo».

Arqueología

En el comunicado de esta gira, Donahue ha descrito All Is Dream como un disco musicalmente «astral» cuya simbología desciende a través de capas de roca, tierra y ceniza, como en una excavación arqueológica.

Algo parecido aparece en nuestra conversación cuando le pregunto qué descubre al volver a material antiguo.

«Llegas a vislumbrar otra manera que tenías de hacer las cosas, de expresarte o de imaginarte a ti mismo. No es solamente como mirar una instantánea de hace veinte años y fijarte en la ropa que llevabas o en cómo te cortabas el pelo entonces. También puedes ver algunos de los cimientos que te llevaron hasta donde estás ahora».

Esos cimientos no pertenecen únicamente a Donahue y Grasshopper. El All Is Dream de 2001 contiene una constelación de personas que no está sobre los escenarios de esta gira: Dave Fridmann tocó bajo y mellotrón y participó en la producción; Jeff Mercel tocó batería y piano y coprodujo; Tony Visconti realizó arreglos de cuerda y orquestación; Suzanne Thorpe tocó la flauta, Joel Eckhaus el serrucho y Amy Helm aportó voces. En 2026, Donahue y Grasshopper giran junto a Marion Genser, Jesse Chandler y Joe Magistro.

Le pregunto cómo se toca ahora algo que inventó otra persona.

«Creo que intentas capturar la esencia de aquella interpretación, ya fuera tuya o de cualquier otra persona que estuviera en el estudio en aquel momento. Tienes que ser honesto y entender que nunca podrá repetirse exactamente. Ni debería».

Vuelve después sobre esa palabra, esencia:

«Es la esencia de aquello que termina en el disco lo que conlleva la mayor responsabilidad. Por eso intentas escoger en el estudio esos momentos que sabes que contienen unos cimientos capaces de durar durante los años siguientes, ya sea musicalmente o, en mi caso, determinadas palabras, maneras de frasear, momentos que sabes que podrás seguir defendiendo con el paso del tiempo».

Donahue no finge que aquel lugar siga existiendo. Da por hecho que no existe y se pregunta qué merece cruzar al otro lado.

El holograma

Le planteo directamente una de las hipótesis que me habían llevado hasta la entrevista: desde fuera, esta gira parece una conversación de Mercury Rev con su propio pasado.

Donahue no la rechaza, pero la lleva a otro sitio.

«Supongo que es una conversación con nuestras propias versiones de nosotros mismos. En cierto sentido, soy una especie de expresión viva de quien quizá sentía que era hace veinticinco años, pero expresada ahora a través de una nueva lente, la de quien soy hoy».

Enseguida introduce a las personas que están al otro lado del escenario.

«La gente que viene al concierto, nuestros oyentes, tampoco son las mismas personas que eran hace veinticinco años. Un cuarto de siglo ha pasado a través de sus ojos y de sus oídos. Así que para ellos también será una especie de holograma de sus propias vidas, de dónde estaban quizá cuando escucharon All Is Dream por primera vez».

Concierto con luz azul y violeta: un hombre con gorra canta ante un micrófono con los brazos abiertos; en primer plano, a la izquierda, la mano de alguien que sostiene una cámara.
Foto: ARCHIVO RADIO MUERTE · MERCURY REV, SALA CHANGÓ, MADRID · 07.10.2026

Una persona que conoció el disco en 2001 y otra que llegó a él el mes pasado desde una lista automática pueden estar una al lado de la otra durante la misma canción. Las canciones son las mismas; el tiempo desde el que se escuchan, no.

Canciones con voluntad propia

Hay una pregunta que Donahue también lleva hacia un sitio distinto del que yo había previsto. Le pregunto si hoy necesita interpretar algunas canciones de otro modo porque su voz, sus manos o su cuerpo ya no son los mismos.

«Supongo que tiene que ver conmigo, pero no solo con mi voz o mis manos, ni con las manos de Grasshopper sobre la guitarra. Tiene que ver con la lente a través de la cual veo ahora el trabajo que hemos hecho. Y siento también que las canciones son, de alguna manera, sus propios seres».

Continúa:

«Tienen nuevos sentimientos y generan nueva energía y excitación por sí mismas. Así que escucho atentamente a las canciones, lo que quieren decir y cómo quieren decirlo. Y eso normalmente conduce a un lugar muy bueno».

Atribuir voluntad a una canción podría ser una forma elegante de esquivar la pregunta. En Born Horses ocurrió casi al pie de la letra.

Un error nuevo

Durante la preparación de Born Horses, Donahue se sentaba por las mañanas junto al Hudson con una grabadora de casete y hablaba. No escribía letras: registraba divagaciones, y con ellas las gaviotas, los barcos de vapor y niños jugando en barcas que pasaban. La historia del archivo que acabó por error encima de una canción ya la había contado en 2024, durante la promoción del disco. En nuestra conversación añade el momento exacto en que lo escuchó.

«De repente estoy escuchando la música —puede que fuera “Ancient Love” o “Mood Swings”— y este otro archivo empieza accidentalmente a sonar por encima. Es una de mis cintas de aquellas sesiones junto al Hudson».

«Al principio no podía creerlo. Me giré porque pensé que alguien estaba hablando detrás de mí; llevaba los auriculares puestos. Entonces me di cuenta de que era yo».

La grabación permaneció.

«Encajaba tan bien que la canción simplemente se levantó y se tragó aquella grabación entera».

Después de más de treinta años intentando no repetir los mismos errores, una de las voces nuevas de Mercury Rev salió de un archivo equivocado. Un error nuevo.

Atenas

La gira termina el 29 de octubre en Gazarte, Atenas.

Le pregunto qué hará la semana siguiente.

«Terminaremos esta gira muy a finales de octubre en Atenas, Grecia, el hogar de la democracia, algo que resulta muy relevante para nosotros como estadounidenses ahora mismo, cuando nuestro propio país está lleno de convulsión, codicia, turbulencia, incertidumbre y desconfianza».

Donahue piensa quedarse allí unos días más.

«Será maravilloso pasar algunos días extra en Atenas y recordar, literalmente y en persona, algunas de las primeras raíces de la democracia y lo hermosa que puede llegar a ser. Especialmente en estos días, cuando en nuestro propio país la confianza en nuestros vecinos parece haberse erosionado enormemente».

Tres discos

Al final le pido tres discos que pondría ahora mismo en manos de Radio Muerte. Donahue responde sin someterse demasiado a la categoría.

Empieza por Charlemagne Palestine, compositor asociado al minimalismo neoyorquino. No elige un álbum concreto; habla de piano y teclados, de «cascadas de otro mundo» y de pulsaciones capaces de llevarle «a un estado tranquilo, reposado, casi como dar un largo paseo dentro de mi propia mente».

La segunda elección ni siquiera es un músico. Hemi-Sync es una tecnología de audio desarrollada por Robert Monroe y comercializada por el Monroe Institute, basada en tonos distintos enviados a cada oído para generar una percepción binaural. Sus efectos más ambiciosos continúan siendo objeto de discusión.

Donahue la describe como una manera de abandonar temporalmente «esa especie de batería del mundo material, el sonido metronómico de la realidad cotidiana», y entrar en un estado de quietud y suspensión del tiempo.

Su tercera elección es Pandit Pran Nath, maestro de la tradición Kirana de música clásica del norte de la India. Pran Nath llegó a Nueva York en 1970 invitado por La Monte Young y Marian Zazeela; entre sus discípulos estuvieron Terry Riley, Don Cherry, Jon Hassell y el propio Charlemagne Palestine.

Dos de las tres recomendaciones pertenecen a una misma genealogía.

Donahue habla de Pran Nath despacio:

«Su expresión vocal lleva a la mente —que siempre está luchando por encontrar significado en las letras o por aferrarse a algún ritmo— lejos de todo eso. La conduce hacia otro espacio abierto donde la mente no puede agarrarse a aquello que normalmente desea».